Suelo decir en broma que Santa Cruz (en plena Patagonia) es el lugar donde se fabrica el viento, y que desde ahí se exporta a todo el mundo. Tuve la suerte de estar en varias ocasiones por esos pagos sureños y es impresionante lo que sopla la naturaleza, hay días que no podes estar parado por lo que tira el viento. Es sin dudas el lugar ideal para generar energía eólica. Energía no contaminante. Pero no. Nuestros gobernantes, siempre tan "lúcidos" deciden que es el lugar para construir una Usina de quema de carbón para generar electricidad. Eligen la forma más contaminante y que peor afecta el calentamiento global. Esto a muy poca distancia de los castigados glaciares. Sinceramente, parece que su imbecilidad hace que hagan las cosas a próposito de la peor manera...Indignante.
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jueves, 29 de octubre de 2009
viernes, 31 de julio de 2009
Pequeño gran cambio permanente
Se cree comúnmente que despedir a alguien es comunicarle que deja de trabajar en ese lugar. Siempre se analiza desde el punto de vista laboral o económico. Pero creo que es mucho más que eso.
Esto se escribe desde el echante y no desde el echado. Porque la circunstancia, el karma, el destino o sólo la suerte lo puso de ese lado. Y esto se escribe porque en este momento de crisis brutalmente globalizada, toca pasar por esa experiencia que se podría describir, de la manera más académica y respetable posible, como “de mierda”.
Al pensar en despedir a una persona lo primero que viene a la cabeza es en lo feo de dejar a alguien sin trabajo, espera (por menos simpático que le resultara el personaje) que consiga trabajo pronto, y desea que no pase por penurias económicas el futuro ex-trabajador. Sin embargo, no solemos pensar un aspecto tan o más importante que implica despedir a alguien, y es el cambió violento de rutina que le vamos a aplicar a esa persona. Pequeños grandes cambios permanentes.
Nosotros, un humano 70% agua y tan imperfecto como el otro, vamos a tener el poder de determinar que una persona deje de almorzar con las mismas personas que lo venía haciendo cada mediodía durante los últimos dos años. Vamos a tener el coraje de hacer que deje de poner el despertador una hora y media antes del horario de entrada, cosa que hacía religiosamente para poder tener tiempo para ducharse, desayunar algo, y encarar ese día con la mejor intención posible. Vamos a tener la omnipotencia de establecer que ese personaje simpático que cada día, abstraído por su I-pod, tomaba el bondi a las 8 de la mañana en la esquina de Córdoba y Uruguay meneando la cabeza, no pertenezca más al crisol que componía el grupo de la parada del 140. Vamos a tener la soberbia de dictaminar que no vaya más a su clase de bajo a dos cuadras del trabajo, porque yo no le quedará tan a mano ir ahí y porque probablemente no tenga la plata para pagarlo. Vamos a tener la caradurez de pedirle que nos deje el celular, un back up de sus cosas, y que ponga al tanto a su compañero (más afortunado sin dudas) de sus temas así “no hacemos lío con los clientes”, y él lo hará y mandará un mail de despedida, dará sus datos personales para que lo contacten y pasará automáticamente a ser un cadáver en ese mundo que supo habitar por más de 24 meses.
Acá no quiero que haya juicio de valor. No importa si la persona se mando mil cagadas y merece ser echada, o si la crisis lo justifica, o si se lo echa injustamente, se habla del cambio que implica para una persona ser despedido, un cambio muy grande en un montón de cosas, y es un cambio ni elegido, ni previsto. Podría ser comparado a un accidente, es algo inesperado que te cambia todas las variables.
De eso se trata, de saber que cuando la persona que llamaste por el interno a tu oficina sale de ella media hora mas tarde no va a ser la misma. Su rutina, y por qué no su vida, cambió.
Esto se escribe desde el echante y no desde el echado. Porque la circunstancia, el karma, el destino o sólo la suerte lo puso de ese lado. Y esto se escribe porque en este momento de crisis brutalmente globalizada, toca pasar por esa experiencia que se podría describir, de la manera más académica y respetable posible, como “de mierda”.
Al pensar en despedir a una persona lo primero que viene a la cabeza es en lo feo de dejar a alguien sin trabajo, espera (por menos simpático que le resultara el personaje) que consiga trabajo pronto, y desea que no pase por penurias económicas el futuro ex-trabajador. Sin embargo, no solemos pensar un aspecto tan o más importante que implica despedir a alguien, y es el cambió violento de rutina que le vamos a aplicar a esa persona. Pequeños grandes cambios permanentes.
Nosotros, un humano 70% agua y tan imperfecto como el otro, vamos a tener el poder de determinar que una persona deje de almorzar con las mismas personas que lo venía haciendo cada mediodía durante los últimos dos años. Vamos a tener el coraje de hacer que deje de poner el despertador una hora y media antes del horario de entrada, cosa que hacía religiosamente para poder tener tiempo para ducharse, desayunar algo, y encarar ese día con la mejor intención posible. Vamos a tener la omnipotencia de establecer que ese personaje simpático que cada día, abstraído por su I-pod, tomaba el bondi a las 8 de la mañana en la esquina de Córdoba y Uruguay meneando la cabeza, no pertenezca más al crisol que componía el grupo de la parada del 140. Vamos a tener la soberbia de dictaminar que no vaya más a su clase de bajo a dos cuadras del trabajo, porque yo no le quedará tan a mano ir ahí y porque probablemente no tenga la plata para pagarlo. Vamos a tener la caradurez de pedirle que nos deje el celular, un back up de sus cosas, y que ponga al tanto a su compañero (más afortunado sin dudas) de sus temas así “no hacemos lío con los clientes”, y él lo hará y mandará un mail de despedida, dará sus datos personales para que lo contacten y pasará automáticamente a ser un cadáver en ese mundo que supo habitar por más de 24 meses.
Acá no quiero que haya juicio de valor. No importa si la persona se mando mil cagadas y merece ser echada, o si la crisis lo justifica, o si se lo echa injustamente, se habla del cambio que implica para una persona ser despedido, un cambio muy grande en un montón de cosas, y es un cambio ni elegido, ni previsto. Podría ser comparado a un accidente, es algo inesperado que te cambia todas las variables.
De eso se trata, de saber que cuando la persona que llamaste por el interno a tu oficina sale de ella media hora mas tarde no va a ser la misma. Su rutina, y por qué no su vida, cambió.
jueves, 26 de marzo de 2009
¿El mal de los argentinos?
Muchas veces uno piensa por qué nos va como nos va como sociedad, ¿cómo nos va?, mal, muy mal, no seamos necios. Hace poco me comentaron de un documental (al menos su intención era dar esa sensación) donde se contaba que luego de un acuerdo Argentina y Japón cambiaban sus países, entonces todos los habitante de Argentina se iban a vivir a Japón y todos los habitantes de Japón se venían a vivir acá. ¿Cuál era el panorama? Pintaba así, nosotros nos íbamos a una de las mayores potencias mundiales, con marcas posicionadas como lideres en todo el mundo, unos de los mayores PBI, un poder adquisitivo obsceno y un territorio reducido, pero con una planificación urbana que hacía que la convivencia en las ciudades sea viable. ¿Con qué se encontraban ellos? Con un país con una deuda externa escandalosa, un Estado ausente, cero planificación (en todos los ámbitos), una distribución del trabajo vergonzosa, un riesgo país inclasificable, ciudades emparchadas, pero también un país con una riqueza de recursos al menos notoria, y espacio, mucho espacio, casi utópico para los japoneses. ¿Hace falta que diga lo que fue sucediendo con el pasar de los años?, ¿Alguien no se imagina lo que pasó con cada uno de los países? De su evolución (e involución, porque negarlo).
Entonces pienso, ¿qué es lo que nos identifica?, ¿Qué es lo que tenemos en la sangre que nos hace fracasar, chocar contra paredes, vivir en la queja constante y la insatisfacción?, y pienso en la corrupción, la falta de planes sociales, de educación, de salud, la falta de iniciativa, las pocas ganas de capacitación, el egoísmo compulsivo, el egocentrismo necio, la hipocresía...
Hoy esperando 15 minutos en una barrera baja pensaba en esto, y decía, bien hecha la programación de la barrera yo podría estar detenido 3 minutos, ya que el tren tarda apenas segundos en pasar, y ahí me di cuenta que a Metrovías (o como se llame) le importo tres carajos yo y todos los que estábamos parados, no es que sean malos en lo suyo, o desorganizados o que no tengan tiempo de arreglar el tema sino es que le importa un huevo y eso se traduce de una manera: Falta de respeto.
Señores y señoritas, mi opinión es que todo, absolutamente todo, pasa por la falta de respeto. Es una cadena de falta de respeto por el otro, por la ciudad, por el país, por el medio ambiente, por los de afuera, por el distinto, es la falta de respeto a todo lo que desencadena la tragedia argentina. Piénsenlo es tan simple como eso y los ejemplos son infinitos. Ej: Político, si yo no robo, roba el que viene atrás mío, y que demuestra esto, que la falta de respeto a los otros deriva en la falta de respeto con uno mismo y eso es frustrante, da enojo, nos saca energía y nos hace ser más mierda de lo que naturalmente debería ser un ser humana normal.
Sólo eso, quizás un pensamiento chiquito pero creo que con una gran clave...
Entonces pienso, ¿qué es lo que nos identifica?, ¿Qué es lo que tenemos en la sangre que nos hace fracasar, chocar contra paredes, vivir en la queja constante y la insatisfacción?, y pienso en la corrupción, la falta de planes sociales, de educación, de salud, la falta de iniciativa, las pocas ganas de capacitación, el egoísmo compulsivo, el egocentrismo necio, la hipocresía...
Hoy esperando 15 minutos en una barrera baja pensaba en esto, y decía, bien hecha la programación de la barrera yo podría estar detenido 3 minutos, ya que el tren tarda apenas segundos en pasar, y ahí me di cuenta que a Metrovías (o como se llame) le importo tres carajos yo y todos los que estábamos parados, no es que sean malos en lo suyo, o desorganizados o que no tengan tiempo de arreglar el tema sino es que le importa un huevo y eso se traduce de una manera: Falta de respeto.
Señores y señoritas, mi opinión es que todo, absolutamente todo, pasa por la falta de respeto. Es una cadena de falta de respeto por el otro, por la ciudad, por el país, por el medio ambiente, por los de afuera, por el distinto, es la falta de respeto a todo lo que desencadena la tragedia argentina. Piénsenlo es tan simple como eso y los ejemplos son infinitos. Ej: Político, si yo no robo, roba el que viene atrás mío, y que demuestra esto, que la falta de respeto a los otros deriva en la falta de respeto con uno mismo y eso es frustrante, da enojo, nos saca energía y nos hace ser más mierda de lo que naturalmente debería ser un ser humana normal.
Sólo eso, quizás un pensamiento chiquito pero creo que con una gran clave...
martes, 9 de septiembre de 2008
Valga la aclaración ya que todo vale (y mucho)
No voy al recital de Madonna. Quiero aclararlo ya y gritarlo a los cuatro vientos. No voy, no me interesa, no tengo ningún CD de la diosa del pop en mi casa. No entiendo porque ya 4 personas me preguntaron esta semana si voy a ir a ver a Madonna, es más, una me mando un mensaje de texto consultándomelo. A quien carajo le importa si voy a verla, y ¿por qué carajo se le ocurrió a la gente que podría ir a verla?¿Alguna vez salí a la calle con una remera de la diva? ¿Me cruzo alguna vez alguien en el subte con el walkman cantando desaforado “like a virgen” en un falsete gay? ¿Me habré dibujado un lunar al lado de la boca y me habré teñido de rubio platinado y no lo recuerdo? Pongámonos de acuerdo, a nadie le niego que tiene temas muy buenos, que de adolescente le dedique unas cuantas, que esta más buena ahora con casi 50 que a los 20 con jopo, pero de ahí a garpar no se cuanta pavada de plata para con suerte verla del tamaño de un playmobil falta mucho, y digo con suerte porque en un recital en estadio siempre hay un conchudo deforme de 2 metros que se te para adelante. Pagar un dineral para escucharla mal, porque en un recital pop siempre tenés una pelotuda desafinada quinceañera gritándote al oído las letras enteras en un ingles fonético escandalosamente malo. Encima, como no te vas a ir con la carpa 3 días antes seguramente estés bastante atrás asegurándote el eco del tambor de la batería del baterista RE-GROSO que nunca vas a ver porque te lo tapa la columna de sonido.
No señores y señoritas, no voy a ir a ver a Madona, no me interesa, no mande el mail a ticketek reservándome una entrada, no me apretuje en esa avalancha humana en el estadio gallina para ser uno de los afortunados que en esas tres horas logró sacar la entrada para un recital que será dentro de no se cuantos meses mas.
La noche que toque Madonna seguramente me voy a preparar unos buenos tragos y me voy a ver 10 capítulos seguido del Súper Agente 86 feliz.
Asique espero que valga la aclaración. No me pregunten más porque ya saben la respuesta y ustedes sigan pagando felices lo que les dice el sistema que vale ir a ver a Madonna, sean parte, pertenezcan. Y por favor el día después llámenme y con una hipocresía profesional y una alegría bien fingida miéntanme y díganme:
- No sabés lo bueno que estuvo el recital de Madonna, lo que te perdiste...
Se los voy a agradecer.
No señores y señoritas, no voy a ir a ver a Madona, no me interesa, no mande el mail a ticketek reservándome una entrada, no me apretuje en esa avalancha humana en el estadio gallina para ser uno de los afortunados que en esas tres horas logró sacar la entrada para un recital que será dentro de no se cuantos meses mas.
La noche que toque Madonna seguramente me voy a preparar unos buenos tragos y me voy a ver 10 capítulos seguido del Súper Agente 86 feliz.
Asique espero que valga la aclaración. No me pregunten más porque ya saben la respuesta y ustedes sigan pagando felices lo que les dice el sistema que vale ir a ver a Madonna, sean parte, pertenezcan. Y por favor el día después llámenme y con una hipocresía profesional y una alegría bien fingida miéntanme y díganme:
- No sabés lo bueno que estuvo el recital de Madonna, lo que te perdiste...
Se los voy a agradecer.
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