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jueves, 20 de mayo de 2010

El Espejo

Capítulo 0

Me miro en el espejo y soy yo. Miro a los costados y no hay nadie más. “¿Te diste cuenta que de perfil somos unos perfectos desconocidos?”, había dicho Pablo mientras se paraba para ir al baño, y me dejó pensando. Ahora el que estaba en el baño era yo, la cerveza funcionó como diurético implacable, y como distorsionador de mi conciencia, pero la afirmación me despertó de mi ceguera parcial. Mi perfil era totalmente desconocido. Trato torpemente de mirar mis lados pero pierdo la visión. Las cejas, la cara de enojado, de galán, la risa me son familiares, es obvio, pero esas mismas expresiones de perfil son un enigma total. Alguna foto me viene a la cabeza, alguna imagen de esos espejos que tienen tres paños y te dejan ver torpemente los lados también, pero no me alcanza.

Capítulo 1

El circo está casi vacío. No me genera nostalgia, ni decadencia, y mucho menos alegría o fantasía. Encontré en internet el Circo de los Hermanos Rodas. En realidad buscaba cualquier circo, o museo moderno, o lo que sea que tuviera una sala de espejos. De hecho, no tenía recuerdos de haber estado alguna vez en uno, pero la idea me vino a la cabeza el viernes pasado en el baño de Acabar. Para mi sorpresa, la sala de los espejos no era sólo una vieja fantasía de los dibujitos animados donde se daba la batalla final entre los personajes antagónicos sino que era una realidad a veinte minutos de mi casa, en el viejo y reconocido Circo.

Capítulo 8

Es la séptima vez que vengo a la sala de los espejos y la primera en que siento conocido y propio lo que veo. Las entradas capilares y los hombros tirados levemente hacia adelante ya no me incomodan. Lo que veo sigue sin convencerme, pero ya no molesta. No dejo de preguntarme cómo fueron diez años atrás los movimientos que experimento y analizo de perfil. Nunca tomé conciencia de mi nariz. Bailo en soledad frente a los espejos e ignoro al guardia de la sala que me ve como a un loco. Ayer me observaba con uno de sus compañeros y se reían. No entiende que estoy descubriendo lo que todos ya sabían de mí menos yo.

Capítulo 11

No es enojo exactamente lo que siento. Hace doce días que Pablo me metió esta idea en la cabeza de casualidad y ahora no se cómo va a terminar. Las heridas de los nudillos ya cicatrizaron y el crujido al pisar los vidrios cada vez que entro al baño de mi casa no me avergüenzan. “El Circo es itinerante, flaco, así que tomátelas y no jodas más”, me dijo el cajero del Rodas ante mi queja desproporcionada por la partida de ellos hacia algún pueblo del interior. Mis visitas ya los incomodaban. Es que ellos no saben de su ignorancia. Yo sí. De la de ellos, y lamentablemente de la mía. La pregunta “quién soy” me parecía estúpida y frívola, pero “Quién soy de perfil” es otra cosa.

Capítulo 88

Los que vienen a casa me miran mal. No entienden. Yo estoy mejor, mucho mejor. Es verdad que casi no salgo de la pieza, pero mi propia sala de espejos es un éxito. Apago el despertador a la mañana, traigo la comida a la cama, me sueno la nariz, me visto, hago todo y los mil ángulos me dan la verdadera visión de las cosas. Me encanta, me llena de satisfacción. Pronto voy a estar listo para volver a la calle, a “la vida común y corriente”, a la vida de frente, a la vida de los demás, la de los ignorantes, pero con la verdad develada. No sé cuánto tiempo me falta. No tengo apuro.

domingo, 14 de febrero de 2010

Uno es uno

Llegué a la oficina pensando en quién ganaría si hubiera una pelea entre San Valentín y San Antonio. El pronóstico no estaba claro y las apuestas serían parejas. San Antonio utilizaría como argumento de ataque la entrega solidaria de novios (especialmente los domingos), a lo que San Valentín contraatacaría con la consolidación del amor a base de globos en forma de corazón, ositos de peluche y mucha variedad de merchandising llenos de I love you.

Dentro de tan enfrascado dilema, tardé en notar que sobre mi escritorio se encontraba una nota. Al tomarla, leí el mensaje escrito en letra muy clara: "Uno es uno, dos unos hacen once". Al instante me di cuenta que tenía una gran certeza sobre la nota: No sabía ni por aproximación quién ni por qué me había dejado la misma sobre mi lugar de trabajo. Miré a mi alrededor tranquilamente y todos estaban concentrados en sus actividades. De hecho, era sospechosa la concentración de cada uno en sus tareas. Ni un "Hola" o el clásico "Llegando tarde otra vez", ni el más mínimo "cabezazo" de saludo descomprometido de alguno de mis compañeros.

Me senté como cualquier otro día de trabajo y mientras encendía mi computadora pensaba en la nota, en su significado, y principalmente en su autor.

Primero miré a Paula, la secretaria del jefe. Ella siempre mostraba un especial interés en mi persona, y un exagerado sentido del humor frente a mis chistes. Yo siempre me manejé con precaución para no encender un fuego innecesario y peligroso. ¿Había escrito ella la nota? ¿Qué me quería decir? Repetí mentalmente: "Uno es uno, dos unos hacen once". Un escalofrío me recorrió el cuerpo. ¿Se referiría a que hoy estoy solo, sin pareja y que juntos podríamos formar una familia? Pero... ¡¿Once hijos?! La miré y repentinamente sentí estar frente a una psicópata del Opus Dei dispuesta a poblar la tierra con descendientes míos. Descarté rápidamente esta teoría y más tranquilo seguí pensando.

Mi siguiente sospecha recayó en Manuel. El tesorero. Siempre está insistiendo en que armemos un equipo con todos los de la oficina para inscribirnos en un campeonato de fútbol que organizan en el club que él frecuenta. Mi desinterés sobre la propuesta se generó automáticamente cuando me dijo, a la pasada, que los partidos se jugaban los domingos a las nueve de la mañana. "No cuentes conmigo" fue mi lapidaria respuesta. "Uno es uno, dos unos hacen once". ¿Me estaría diciendo que no sea egoísta y que entre los dos formemos un equipo de once jugadores? Sus mañas psicológicas eran habituales, pero su pensamiento muy lineal y poco lúcido. Si él quisiese dejarme una nota para armar un equipo la misma diría: "No seas amargo, armemos el equipo y dejate de joder". Seguí pensando.

El tercer sospechoso de la nota anónima era Esteban. A él le encantan los enigmas, los acertijos, lo desconocido y misterioso. La semana pasada me volvió loco con que teníamos que hacer la excursión de las casas embrujadas de San Telmo. Me contó que se juntan un grupo de espiritistas una vez al mes y van recorriendo conventillos abandonados donde se supone que viven fantasmas o al menos hay actividad paranormal. Le dije "Pará porque vos estás dejando de ser normal y me asustas". Todo empezó porque una vez le dije que me gustaba la serie "Los expedientes X". Para qué. No se cansa de venir con historias raras y complots de lo más sofisticados y paranoicos. ¿Será esta frase una pista que me está dejando para descubrir dónde esta hundida la Atlántida? Es probable.

Margarita pasó a mi lado. Me miró y no saludo. ¿Sería ella? ¿Sería algún tipo de pasada de factura de mi enemiga oculta? Margarita siempre está enojada con todos, pero especialmente conmigo. Trabaja en Recursos Humanos, pero odia el trabajo y lo único que quiere es "Hacer consultorio". Es que ella es psicóloga o psicoloca como le digo yo y se enoja. "Uno es uno, dos unos hacen once", ¿Será una especie de declaración de principios? ¿Que ella es ella y que si la multiplicamos por ella misma es mucho más? Sin dudas Margarita está necesitando reconocimiento (y un marido), pero esto es retorcido. Aunque pensándolo bien, retorcido es un buen adjetivo para describir a Margarita.

No dejaba de pensar en Margarita y sus vueltas cuando mi jefe se acercó por atrás y me dijo:
— Que llegues tarde vaya y pase, pero que siendo las once y media no hayas iniciado el Excel para hacerte el que trabajas ya es un descaro inusual hasta en vos.
— Hola Jefe. No le voy a mentir. Estoy metido en la resolución de una nota misteriosa que me dejaron en el escritorio. Mire.

Mi jefe leyó la nota que yo sostenía frente a sus ojos y luego me miró con una pequeña sonrisa entre dientes que no pude descifrar. Habló con voz tranquila:
— Ayer a la tarde tuvimos la reunión de equipo. La que tenemos los primeros martes de cada mes y de la que no hay forma que te acuerdes y participes — me incomodó su justo reproche —. Ayer en particular, tratamos el tema del trabajo en equipo, la solidaridad, el compañerismo y de cómo la unión hace la fuerza. En definitiva, que la suma es mucho más que cada una de las partes. Por eso esta mañana les dejé a todos, no sé por qué a vos también, este viejo y simple proverbio hindú. La verdad que desconozco qué habrás pensado este rato, para no entender algo tan simple. Te pido, si no es molestia, que empieces a trabajar ya mismo así no me seguís obligando a tener que buscarte reemplazo.

Me sacó el papel de la mano de un tirón y mi mano quedó suspendida en el vacío como si estuviera por hacer una pregunta. "Uno es uno", esa parte sí la entiendo, pero el resto, es mariconeada motivadora de multinacional. Prendí el messenger, active mi usuario personal, y seguí mi rutina habitual de no trabajo.

martes, 22 de septiembre de 2009

Una mujer hecha y derecha

En mi vida anterior fui mujer. Estoy seguro. O quizás en dos vidas anteriores fui mujer. Lo descubrí hoy apenas me levanté. Puse el nuevo disco de Bebe y mientras me duchaba y cantaba las canciones por enésima vez me di cuenta que la comprendo. Comprendo sus letras. Comprendo sus alegrías, y principalmente sus dolores. Pero no desde una mirada complaciente, condescendiente, sino desde la perspectiva de una mujer que pasó por esas situaciones. Me cuesta explicar esto sin que un amigo me diga: Maraca, reprimido u otra calificación más que aplicable a este comentario. De hecho no se si explicarle a mi novia lo que pienso sin que ella me diga: “si fuiste mujer entenderías que tus pedos en la cama no son graciosos y dejarías de hacerlo”. Pero hoy en la ducha me di cuenta que comparto con Bebe cada una de sus letras. Como una mujer hecha y derecha.

Los temas que me develaron mi pasado karmico: http://labebebellota.com/

jueves, 17 de septiembre de 2009

La injusticia del otro Yo

Anoche tuve un descubrimiento muy importante. Cené liviano como me recomendó el médico para pasar la noche sin ningún incidente de reflujo o acidez. Leí durante un período más que justo el libro “El origen del nombre de los países”, y sin llegar a la instancia de cabecear con el libro en la mano, lo cerré y me relajé para entrar en esa petit muerte que es el intervalo entre el día de hoy y el que sigue.

A eso de las 4AM una sensación profunda en la vejiga me indicó que era exagerada la cantidad de agua tomada en la cena. Es que durante el día había tomado muy poca y quise recuperar, antes de ir a dormir, para llegar a la cantidad indicada por mi nutricionista (“mínimo tres litros”). Muy dormido, con el antebrazo y la cabeza apoyados en la pared, oriné no menos de dos litros en un estado de zombi total.

Al tiempito de volver a la cama, el mundo real y el mundo de los sueños se empezaron a fundir hasta que el segundo se adueñó de mi cerebro.

En el sueño iba a ver un recital de Martin Buscaglia, o tal vez era un talk show de Andy Kustnesoff, simplemente ocurría eso que es tan normal en los sueños, una persona es alguien y al instante es otra con toda la naturalidad que este mundo permite. El show transcurría en una casa (o hostel), un lugar conocido. Conocido para el Yo soñador, aunque el Yo despierto no tenga idea de dónde o qué sea. En esta casa me recibía una chica que daba la sensación de ser la organizadora del evento. Ella me trató muy amablemente hasta darse cuenta que yo tenía una guitarra en la mano. Con dulzura, pero firme, me dijo:

– No podés entrar con la guitarra.
– ¿Me la podés guardar en algún lado y la retiro cuando me voy? –pregunté con buena onda.
–Siempre lo mismo, la otra vez que viniste trajiste una maceta –respondió fastidiada.

Automáticamente, el Yo soñador se dio cuenta que era verdad, que en el show anterior, en esa casa (o hostel), evento ocurrido en otro sueño, había asistido con una maceta en la mano, y la anfitriona, con muy buena predisposición, la había guardado. El Yo soñador notaba que entre despistado y abusador, muchos sueños después, volvía a hacer lo mismo. Pidió disculpas y prometió que sería la última vez.

De repente abrí los ojos y estaba alucinado. Desperté a mi novia y empecé a explicar lo sucedido.
– ¡Tengo dos memorias, una para cuando estoy despierto y otra para cuando duermo!
– ¿Qué? Son las 5 de la mañana, yo en una hora me levanto para ir a trabajar y vos seguís de largo hasta las 9, se considerado y dejame dormir.

Su reclamo era justo y seguí reflexionando sobre el tema en silencio. Era evidente. Mi cabeza tiene dos memorias en paralelo, y está claro que la memoria del Yo soñador está acumulando mucha información y por eso el Yo despierto (quien escribe estas palabras) tiene tan mala memoria. Está desproporcionada la asignación de recursos de mi cabeza entre estos dos mundos. Es un gran hallazgo, pero de alguna manera debo resolverlo.

Hoy, más tranquilo, puedo decir que mi descubrimiento me indignó. Porque en definitiva el Yo despierto, no tiene por qué aceptar esta lucha de recursos solapada, nunca blanqueada. En qué momento se negoció quién se quedaba con qué, bajo qué condiciones se determinó que el Yo soñador podía delirar, ser un héroe de guerra, tener sexo con la mejor mujer, volar, dialogar con las personas queridas fallecidas, y guardar esas memorias, y regocijarse cada noche sin compartir. Yo, el “despierto”, el “real” tengo un pedacito de esos archivos para utilizar y, guardar memorias que se limitan a broncas, deseos no satisfechos, frustraciones obstinadas, ideas no implementadas y, con suerte, algún segundo puesto en un torneo de fútbol de muy poca monta.

En cinco minutos me voy a acostar dispuesto a pelear por un lugar donde guardar cosas lindas. Quiero espacio para retener instantáneas plenas, alguna risa que encuentre por ahí, el sabor del próximo beso. A dormir, pero despierto. A pelear. Nos vemos.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Vampiros Energéticos

Las crisis. La de tu familia, la de tu trabajo, la de tu pareja, la de tus hijos, la de tu ciudad, la de tu país, siempre fueron una excelente excusa para que los vampiros energéticos te muerdan la jugular y te succionen la energía que honorablemente generaste. Ahora, en un mundo en crisis estos seres detestables están invadiendo cada rincón del planeta y vinieron por todo. Están convencidos que esta es la batalla final, el Judgment day y que no la van a dejar pasar. Invadieron los medios, las calles, las oficinas, están por todos lados, no nos dan respiro, a comprarse riestras de ajo y crucifijos santos (eso me cuesta mas...), por que en cada esquina te atacan.

Hoy entré a la oficina y el conde Drácula de los chupaenergía me encaró y me dijo:

- ¿Te enteraste de la última?
- No – dije haciendo los cuernitos con la mano que tenía en el bolsillo.
- Parece que van a rajar más gente – dijo con cara dramática.
- Mira vos – digo tratando de avanzar hacia mi escritorio y terminar la charla cuanto antes.
- Y parece que es gente de tu sector – Me dice poniéndome su mastodónico y deforme cuerpo delante para impedirme la escapatoria.
- Sabes qué, a esta altura me chupa un huevo lo que pase – digo tocándome el huevo izquierdo y aguantando los embistes.
- ¿Pero vos no estabas pensando en irte a la India de vacaciones?
- Si, ¿Y? – empiezo a odiar a la bestia y me empiezo a sentir cansado.
- Que es un momento medio raro para un viaje así, pero por suerte ya pagaste el pasaje ¿no? – me dice con carita de perro sarnoso preocupado.
- Si, por suerte ya pague – Me da una puntada en la cabeza, en la sien derecha.
- De ultima, si nos rajan te haces budista y te quedas allá viviendo una vida mas relajada ¿no? – me dice como queriendo hacerse el gracioso y intenta una sonrisa que muestra sus dientes chuecos y medio amarillentos del mate y el pucho.
- Si, Ja, Ja, es verdad, me rapo y me hago budista – se me nubla la vista e intento caerle simpático para que me deje una gota de energía en mi castigado cuerpo.
- Che, pero que garrón lo de los atentados, ¿vos vas ahí? – Me dice solemne. Es el límite que tolero.
- ¿Me estas cargando? – digo serio al borde del desmayo energético.
- ¿Por? – Pone cara de oveja esquilada confundida y medio avergonzada.
- Loco, me decis que quizás me rajen y ahora que tal vez me explote una bomba en la cabeza, en serio, ¿me estas cargando? – Digo recuperando algo de la energía robada.
- Para loco, ¿que te pasa?, yo de onda me preocupo por tus cosas y vos saltas para el carajo, son un jodido – Me dice la vaca con viruela ofendida.
- ¿Y qué querés?, me tirás todas pálidas – Digo esperando la campana para salir a un nuevo round casi knock out.
- Yo no tengo la culpa que el mundo se caiga a pedazos – dice cocorito muy cerca de mi cara e impregnándome su aliento a búfalo viejo en mi nariz.
- Nadie tiene la culpa – digo dando un paso atrás, ahora la puntada es en la sien izquierda – Nadie tiene la culpa – repito como un idiota somnoliento.
- Yo por eso ahorro siempre y no me expongo a estas contingencias.
- Porque son un tipo precavido – digo, y pienso: “porque sos un tipo aburrido, conchudo y espástico”.
- ¿Te conté que le encontraron un tumor a mi papá?
- .... – Me toco de nuevo el huevo izquierdo, me duele la cabeza, se me nubla la vista y estoy mareado, el Conde ya me esta liquidando, hoy me liquida.
- Pero parece que es benigno – dice mirando el horizonte cual cabra fea no cogida en celo.
- Que suerte. Tengo que hacer un informe eterno, me voy a mi ofi – y tambaleando lo corro con la mano y a duras penas llego a mi escritorio, necesito dormir, necesito, salir de acá, me muero...

Los vampiros energéticos son unos seres de mierda que alimentan su alma de las desgracias, las propias y las ajenas. Esas desgracias se las tiran en la cara a todos los boludos como yo que somos correctos y les ponemos el oído, y cuando nos queremos dar cuenta nos chuparon hasta la ultima gota de energía que teníamos. Los odio, odienlos ustedes también. En su falso interés por el problema, en su falsa compasión, en su falsa preocupación, hay un monstruo dispuesto a destruirnos.
Sean ordinarios, ignórenlos, y cuando un puto vampiro los encare, agarren el celular disquen cualquier numero y hablen, con quien sea, hablen con la persona mas irrelevante del mundo, pero no se expongan a estas bestias infames. Tenemos que ganar la batalla.
Todavía me duele la cabeza...

lunes, 10 de noviembre de 2008

Un medio poco mediático

Hay veces que no deja de llamarme la atención, y esas veces que insiste la atiendo y digo:
- Hola ¿Quien habla?
- La Atención – contesta una señorita pituca del otro lado.
Y se arman unas charlas a veces más a veces menos interesantes. Ayer por la tarde estaba al pedo en casa tirado haciendo un zapping mas autista que de costumbre y sonó el teléfono. Era La Atención. Me planteó una cosa que me quedó dando vueltas en la cabeza. Ella no entendía cómo funcionaba el sistema de los mensajes debajo de la camiseta de fútbol y quería mi explicación para desasnarse una vez más. Yo seguro de mi mismo y siempre muy canchero frente a una interlocutora joven e inquieta le dije:
- Es simple, antes de jugar un partido, que debe ser televisado, escribís en la remera un mensaje que le querés dar a un ser querido (o odiado) y cuando haces el gol te paras frente a la cámara, te levantas la camiseta del club y dejas a la vista del publico el mensaje. Listo, así de simple. A lo sumo te comes una tarjeta amarilla y al otro día salís en todos los diarios y noticieros con el mensaje en el pecho.
- Si, pero...
- Los mensajes son variados – interrumpo acelerando – tenés mensajes clásicos del estilo: “Feliz cumple papá”, “Feliz día Vieja”, y tenés mensajes menos clishe y mas profundos como el de Roman Riquelme el otro domingo en homenaje al difunto presidente de Boca. Por ahora no se dieron mensajes de chivos a marcas, pero no debe faltar mucho para que esto suceda.
- Sí, pero...¿Y si no hace un gol el que tiene el mensaje para dar? – me pregunta La Atención con una inocencia violenta y desconcertante.
- No hay mensaje – digo no muy seguro.
- ... – silencio del otro lado del teléfono.
- No es tan grave – digo un poco más seguro – no pasas el mensaje o te la volvés a poner al otro domingo y subís en todos los corners...
- Vos me decís que el día de la madre los 11 jugadores tienen abajo de la camiseta la leyenda: “Feliz día vieja”, y solo el que hace el gol es el buen hijo y los otros son menos buenos hijos.
- Bueno, no es tan así...
- Imaginate – me interrumpe ella a mí y acelera – Imaginate si el partido termina cero a cero, son todos unos malos hijos...
- Bueno, me imagino que llamaran después por teléfono a la vieja o le compraran una caja de bombones, o...
- ¿Y si hace el gol uno que esta peleado con la vieja? y cuando se levanta la remera abajo dice: Me gustan las albondigas con arroz. Sería medio bizarro.
- No es común, pero...
- Y si uno que hace un gol en offside o con la mano tiene un mensaje del estilo: No a las papeleras. ¿No sería contradictorio?
- Hace años de Botnia y nunca se vio ese mensaje...
- Porque tal vez los jugadores comprometidos son pataduras o juegan en la defensa y no quieren la exposición egocéntrica de un delantero, y esos mensajes están ahí esperando ser descubiertos sin suerte.
- Yo soy menos idealista y creo que a los jugadores solo les importa los autos, las modelos, la familia y que se les de el pase cuanto antes a algún lugar que los salve aunque sea Burundanga si el Burundanga FC paga bien.
- Sigue sin cerrarme esto de las camiseta, de cada mensaje que se ve quedan mas de 20 sin verse, y peor si se es suplente, ¿Te pones remera con mensaje? Debe ser deprimente tener un mensaje importante que dar y ni siquiera entras a la cancha.
Y así siguió la charla un rato más hasta que La Atención se cansó, me saludo y cortó.
La verdad que el tema me siguió dando vueltas y hoy llamé a un amigo que jugó en la primera de Los Andes y lo consulté por el tema.
El pantera me dijo lo siguiente: “La verdad que es un tema muy jodido del que no se habla mucho. Yo estuve todo el apertura 94 queriendo proponerle matrimonio a mi novia por este medio y no moje ni una vez. Las últimas fechas subía todos los corners aunque fueramos ganando 1-0 sobre la hora, y una vez discutí con el Pitufo Gomez para que me dejara patear el penal, me sacó cagando y casi nos vamos a las manos en el medio del partido, un papelón. Al final me la cagó el arquero de la reserva. Fue un bajón que me duró mucho tiempo. Pero el caso mas feo fue el del Polillita, no te digo el apellido para no botonearlo, pero fue terrible lo que le pasó. Esto me lo contó muchos años después, eramos amigos, hasta ese día, después no nos vimos más. El Polillita tuvo tres años y ocho meses una remera abajo de la camiseta de Los Andes, nunca nadie había visto el mensaje y nunca nadie lo pudo ver. Todos los partidos de espalda a los demas se cambiaba y se ponía su camiseta con el mensaje escrito abajo. Nadie lo notaba porque cada uno estaba en la suya, pero él reglamentariamente se la ponía. Durante ese tiempo no hubo caso, no había forma que moje, un par de tiros en los palos, ¡un penal atajado!, nada, la pelota no entraba. Todos los sábados y una temporada los domingos, se la ponía y salía con el pecho inflado a la cancha. El Polillita era una bestia, un carnicero, jugaba de 5 y era impasable, le decían así porque roia todo lo que tenía cerca, pero en el fondo tenía un secreto guardado que quería contar a voces y gritarlo a los 4 vientos, o a las cuatro cámaras mejor dicho, y no podía. Se retiró el 5 de diciembre del 2002 cuando perdimos un reducido y no le renovaron contrato a casi nadie. Nunca salió el mensaje a la luz, nunca confesó su secreto”. El pantera me dijo el secreto y la verdad que hubiera sido un bombazo. Nunca en la historia del fútbol un futbolista se levanto orgulloso la casaca de su club y con tanta honestidad mostró al mundo lo que tenía que decir. Y dudo que alguna vez pase.

domingo, 31 de agosto de 2008

Se devela una gran velada

Esta bueno pasar una tarde al pedo. El cerebro se relaja y empiezan a aparecer las grandes verdades de la vida. Nuestro sistema analítico (SA) también se relaja y en vez de pensar en cómo crecer en el laburo, cómo ser exitoso en la vida o cómo ganar el gran DT se pone a analizar obviedades ignoradas, verdades perdidas u ocultas frente a nuestros ojos.
Ayer pasé toda la tarde relajado en una mesa de un bar al sol con novia y amigos, hablando de todo un poco, permitiendo inconcientemente que el cerebro y el SA se relajen. Arrancamos con charlas sobre cosas como si ya estaba terminado Nalbandian o era que simplemente le gustaban mucho las minas y los asados como a cualquiera de nosotros, seguimos hablando de cómo esta creciendo la construcción en Buenos Aires. Seguido a eso analizamos cómo están cambiando ciertas costumbres de subgrupos sociales que se tienen que amoldar a nuevas zonas urbanas exclusivas, y avanzando terminamos llegando a la conclusión de la poca satisfacción que nos da la ciudad, ofreciéndonos solamente cemento, autos y gente en trance apasionada por hacer sonar las bocinas de esos autos de manera incansable.
Cuando ya entró la noche y se habían tocado innumerables temas (incluido las religiones y si Jesús había muerto de viejo o en la cruz) decidí partir.
- Partimos, la verdad que pasamos una gran velada – dije a mis amigos mientras me paraba.
Mi cerebro y mi SA tan relajados como podían estar pensaron instantáneamente a dúo: ¿Una velada es una vela helada?
- No – respondí rápidamente - Es un espacio de tiempo prolongado haciendo algo y en general agradable.
- Pero entonces, ¿desvelada es un espacio de tiempo reducido y en general desagradable? - Pensó mi SA con lógica infranqueable.
- No - dijo mi cerebro seguro - Es cuando alguien no puede dormir, está desvelado.
- Entiendo – dijo reflexivo el SA e insistió en su lógica - Entonces velado es cuando alguien sí puede dormir.
- ¡Exacto! - respondí yo mirando cómplice a mi cerebro y agregué - Está tan dormido que no se va a despertar más. Lo van a velar, lo entierran y sigue el mundo con una persona menos tocando bocina.
Miré fijo a mi cerebro y a mi sistema analítico y les dije solemne cuál Kant antes de pronunciar sus máximas:
- El más despierto esta desvelado, el más dormido esta siendo velado, y ninguno de los dos esta teniendo una gran velada.
- Es así y tiene mucha lógica - respondió el encargado de epistemología frutera de mi inconciente que también estaba relajado y observaba la conversación sin que ninguno de nosotros lo haya notado.
- Soy todo oídos – dije desafiante.
- ¡Nosotros también! – dijeron a dúo entusiasmados el cerebro y el SA.
- Como se imaginarán todo viene de la vela.
- … - Mirada desafiante del grupo.
- Una velada es un tiempo prolongado. Cualquier momento prolongado termina en la noche, la palabra como todas las palabras provienen de la antigüedad. Ergo: en algún momento del encuentro nuestros antepasados encendían velas para seguir su entretenida conversación, lo cual automáticamente se convertía en una velada.
- Sigo escuchando – mi cara de desafiante pasó a cara de interés.
- Cuando alguien no podía dormir a pesar de que esa era su intensión se encontraba despierto a oscuras, ya que el amigo había apagado sus velas con toda la intención de cerrar los ojos y pasar al planeta de los sueños sin escalas. Al no lograrlo se encontraba a si mismo despierto a desgano en plena oscuridad, es decir que no había velas encendidas alrededor, es decir: el amigo estaba desvelado.
- Mira vos che –Empecé a asombrarme del conocimiento de mi encargado de epistemología frutera de mi inconciente.
- Me falta explicarte el velado – dijo un poco soberbio.
- Seee – contesté medio fastidioso del catedrático devenido en protagonista espontáneo.
- En la antig…
- guedad, si, ya se, en la antigüedad – interrumpí cansado de su solemnidad.
- Cuando alguien se moría- prosiguió imperturbable - los seres queridos se despedían del finado dejándolo reposar unos días en la cama o en la iglesia rodeado de una cantidad importante de velas. El occiso estaba iluminado todo el tiempo durante esas horas en un ritual tenebroso de despedida a media luz.
- ¿Y devela? ¿Qué es que se devela algo? – Quería vencerlo a toda costa.
- Que se hecha luz sobre algo que estaba oculto o escondido. En la antigüedad la luz se daba con…
- ¡La vela! – dijo el SA mirándonos orgulloso a los demás.
Parado mientras saludaba a la gente en el bar y arrancaba para casa se dió exactamente esa charla interna, la última gran discusión del día. Transcurrió toda en mi cabeza con las bases y fundamentos que en ella habitaban en distintos cubículos, cada uno seguro de si mismo más allá de mi dudoso liderazgo.
- La verdad que se termina una gran velada – pensé satisfecho.
Y muy bajito, para que no me escucharan ni mi cerebro, ni mi SA, ni mi epistemólogo interno, me pregunte:
- Una gran velada, ¿no será una vela muy grande en forma de hada?